El delegado del Gobierno en Aragón, Javier Fernández, visitó ayer la nueva zona de patrimonio de la Guerra Civil rehabilitada en “Las tres huegas”, ubicada en la Sierra de Alcubierre.
Le acompañaron en la visita el subdelegado del Gobierno en Huesca, Ramón Zapatero, el presidente de la Comarca de Los Monegros, Manuel Conte, alcaldes de la zona, y el periodista y escritor, Víctor Pardo. El elemento más destacado de esta rehabilitación es un vivac.
Durante quince meses, un elevado contingente de soldados del ejército franquista ocupó esta zona ubicando los pertrechos necesarios para guarecerse y atender las necesidades básicas de la alimentación y el descanso.
El hecho de hallarse en un ámbito protegido por las lomas circundantes, muy apropiado para la ocultación de laderas, sirvió para la construcción de refugios o abrigos, puestos de mando, cocinas, pozos o aljibes, incluso se horadaron cuevas con fines de protección del mando o depósitos de municipios.
El conjunto constituye un vivac o campamento, esto es, la acumulación de medios de estacionamiento que utilizan las tropas de un ejército de campaña. Tras la inauguración de la Ruta Orwell el pasado 28 de diciembre, ubicada también en la Sierra de Alcubierre, ha finalizado la actuación de rehabilitación patrimonial en la zona de las Tres Huegas, que ya puede ser visitada por el público, aunque falta instalar la señalización.
También se ha rehabilitado un bunker en el término de Lanaja y actualmente se está trabajando en la zona de Santa Quiteria, en Tardienta. Todas estas actuaciones se enmarcan en el programa de recuperación de patrimonio de la Guerra Civil emprendido por la Comarca de Los Monegros, coincidiendo con el 70 aniversario del inicio de la contienda que se cumple este año.
El Consejo Comarcal de Los Monegros, convencido de la relevancia cultural y singularidad de estos vestigios, y consciente de la necesidad de preservar la memoria histórica como legado, determinó la realización de un exhaustivo inventario que revelara el alcance y estado de este patrimonio. Este documento ha servido para desarrollar un detallado plan de recuperación y rehabilitación de este bien patrimonial.
El proyecto contempla además la realización de un gran banco de datos de la memoria oral que recoge en soporte audiovisual los testimonios directos de la Guerra Civil. Dentro de este programa establecido se organizará una gran exposición conmemorativa en octubre y un congreso y culminará con la puesta en marcha del Centro de Interpretación de la Guerra Civil en Robres. Precisamente dentro de estos actos conmemorativos, está abierta una exposición en el edificio que será futuro centro de interpretación en Robres sobre la Guerra Civil titulada “Aragón en Guerra. Perfiles” que estará abierta hasta el 30 de julio y que también visitaron ayer las autoridades.
Conferencia de Julián Casanova ayer en Robres
Dentro de los actos que la Comarca de Los Monegros organiza con motivo del 70 aniversario del inicio de la Guerra Civil, ayer tuvo lugar en Robres una conferencia a cargo del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Julián Casanova, sobre “La Guerra Civil española, 70 años después”.
El acto, que fue presentado por el delegado del Gobierno en Aragón, Javier Fernández, despertó mucha expectación y contó con la presencia de numeroso público que llenó el salón del Ayuntamiento de Robres. El catedrático recordó que el golpe de estado del 18 de julio de 1936 contra el gobierno democráticamente elegido de la República no supuso el comienzo de la Guerra Civil, ya que se tuvo conciencia de ello unos días después, “el golpe de estado dividió a la sociedad española”.
Cuando el gobierno republicano se da cuenta de que no puede defender la legalidad republicana solo desde España, pide ayuda a las democracias europeas. También los golpistas recurren desde el principio a la ayuda internacional y consigue el apoyo de Hitler y Mussolini. “Las dos grandes potencias del facismo y el nazismo apoyan a los golpistas, no por amistad con Franco, sino por razones geopolíticas”, señala el historiador. Mientras, en Francia Leon Blum cambia de opinión por diversas causas y finalmente en agosto todos los países apoyan el comité de no intervención.
Es una España “segmentada en dos por un conflicto que ya tiene dimensión internacional, lo que lo convierte en más sangriento, duradero y universal”, señala. Casanova destaca como una de las señas de la Guerra, la enorme violencia que se emplea en los dos bandos. “Los golpistas inician una política de exterminio para aniquilar al contrario. Desde el principio reciben apoyos civiles y eclesiásticos (...) Donde fracasa la sublevación, las capas populares persiguen al clero, a los propietarios derechistas y a los que habían apoyado a los sublevados en julio del 36”. (...) “La Guerra Civil empieza internacionalizándose y con una violencia inusitada”.
El catedrático también habló de la financiación de la guerra y explicó como desde el bando republicano se compró armas con las reservas de oro. “A la República la engañaron sistemáticamente, tuvo que acudir al mercado negro de las armas, se calcula que allí la robaron 150 millones de dólares. (...) La República gastó 650 millones de dólares en perder la Guerra y Franco la misma cantidad aproximadamente en ganarla”, explicó. “Franco pidió créditos a Italia y Alemania que tuvieron que devolverse a cargo de todos los españoles que estaban en medio de la miseria de la posguerra, hasta el año 1945”. Casanova dijo que “Franco ganó la guerra por el apoyo fascista y nazi y por la retracción de los países democráticos (...) también contribuyó la política de unión de la zona franquista, mientras que en la zona republicana, que no dejó de ser una democracia, había lugar a las diferencias ideológicas”.
Además subrayó el hecho de combatir por parte de ejército profesional y más preparado, “A Franco lo que le permitió ser generalísimo fue su capacidad de maniobra en África para conseguir el apoyo de Italia y Alemania”, dijo. Casanova también dejó claro que si la guerra la hubieran ganado los republicanos no hubiera habido dictadura comunista, “es impensable porque de haber ganado la guerra hubiera sido con apoyo francobritánico que nunca lo hubieran permitido”.
Respecto al tema de la violencia, el catedrático dijo que “en la zona franquista se produjeron 100.000 asesinatos registrados, pero faltan miles de personas asesinadas en el terror caliente del verano del 36 que no están contabilizadas” (...) “La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica calcula en 30.000 las personas que están en paradero desconocido.
Se manipulaban los registros de defunciones, en lugar de asesinado constaba traumatismo craneal (...) Todavía hay familias que están buscando a sus muertos y éste es un tema que hay que reparar”, señala Casanova, quien añadió que “el terror iba dirigido a los republicanos, alcaldes, sindicalistas y a las mujeres, esposas o compañeras de republicanos, que caen a cientos en la zona franquista”. Respecto al otro bando, dijo que “hay obsesión por el clero masculino y se asesinan a unas 7.000 personas del clero masculino, hay persecución de gente de orden, terratenientes y derechistas. (...)
Esta violencia se para pronto en el bando republicano y hay quien defiende el cese de la violencia, después de Paracuellos, tras el terror rojo en Madrid, en 1937 y 1938, se asesina sólo en momentos señalados o en el frente”. Para Casanova, “la Transición cerró el tema de las responsabilidades de los verdugos, ese es un tema que en mi opinión debería estar cerrado, en segundo lugar creo pero hay que hacer una reposición urgente de las víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura franquista que no tuvieron esa posibilidad durante 40 años y, en tercer lugar, hay que hacer una anulación de las personas que sufrieron juicios militares por motivos políticos, cuyo expediente judicial está manchado”.
El catedrático concluyó que “al margen de eso, nos queda educar a los que vienen después de nosotros en libertad de expresión, en tolerancia, denunciar la tortura, la violencia y crear un futuro y presente mejor y dejar a los historiadores que recuerden a través de debates y enseñanzas. Es el mejor legado que podemos dejar a las nuevas generaciones, cuidar esta democracia que puede ser frágil, porque hay gente que no cree en ella ni en las libertades”. Por último Casanova se preguntó: “¿Qué hubiera sido de los intelectuales asesinados, de los universitarios exiliados, que hubiera sido de la sociedad española en 1945 si España hubiera sido una democracia como todas las demás?.
Esa también es la historia que nos convendría recordar de cara a los hijos que vienen después de nosotros”, dijo y añadió que ahora “hay una nueva dimensión de la memoria social de la Guerra civil”
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