La Comarca de Los Monegros en colaboración con la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), ha puesto en marcha la muestra Exilio científico, político y cultural, en el Centro de Interpretación, Documentación y Estudios de la Guerra Civil de Robres.
La exposición recorre a través de distintos paneles explicativos, las vivencias de los exiliados, biografías de los más destacados en los campos político, científico y cultural, y se ocupa igualmente del exilio interior al que se vieron abocados otros miles de españoles y aragoneses tras la victoria franquista.
En 1939, unos 90 000 aragoneses se lanzaron al exilio antes de que los cañones enmudecieran en España. Meses después fueron muchos los que, atraídos por la engañosa «clemencia» del caudillo, volvieron a España en una nueva huida desesperada por recuperar la libertad arrebatada tras las alambradas de los campos de concentración franceses, donde habían sido internados y separados de sus familias. Sin embargo, una parte importante de los evadidos decidió aguardar en tierras francesas el destino incierto que les había sido reservado.
Con la opción de la repatriación descartada por temor a las represalias que la Ley de responsabilidades políticas acarreaba, parte de los aragoneses encerrados intentó emigrar a América para comenzar allí una nueva vida. Y a semejanza de lo ocurrido en el resto de España, Aragón vio partir a sus grandes figuras científicas, literatos, importantes artistas, relevantes políticos y pensadores, médicos, etc.
El país que mayor número de refugiados acogió fue México, a donde llegaron no menos de un millar de aragoneses. Pero también buscaron acomodo en la República Dominicana, en Argentina, Venezuela, Puerto Rico o Cuba. Políticos y sindicalistas republicanos –Mariano Jover, José Ignacio Mantecón, Antonio Beltrán Casaña «El Esquinazau», Vicéns de la Llave, Joaquín Ascaso, etc–, escritores –José Ramón Arana, Ramón J. Sender, Benjamín Jarnés…–, economistas, médicos, pintores, escultores y un largo etcétera de profesionales de toda clase, vivieron el exilio en distintas circunstancias personales y sociales durante varias décadas. Muchos nunca regresaron a España.
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Palabras del presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón, Enrique Gómez:
Probablemente, una de las peores clases de guerra, además, es la que se da en el seno de una misma sociedad. Se trata de la guerra civil.
La guerra tiene muchas consecuencias derivadas de sus propias características. Si bien la muerte de las personas es la peor de ellas, el miedo, el odio, el hambre, la miseria, la destrucción, la represión, la persecución, la pérdida de libertad son otras y es natural intentar huir de ellas.
Esto nos lleva al exilio.
Entre los miles de personas que atravesaron nuestras fronteras hacia un destino incierto también había muchos científicos.
España , en el primer tercio del siglo XX, tuvo un destacado papel en avances pedagógicos (Escuela Moderna, Residencia de Estudiantes…), el mundo cultural (la Generación del 27, arte moderno, arquitectura…), y por supuesto, en el campo de la ciencia (ciencias humanas y filosofía, la nueva escuela de medicina…) y por supuesto, la entrada de pleno derecho de la mujer en todos estos y otros muchos ámbitos .
El universo científico español se entusiasmó con los aires de libertad que venían acompañando el nuevo régimen político republicano.
Sin embargo, la victoria de las fuerzas conservadoras dio al traste con este nuevo rumbo. Las consecuencias para la sociedad española fueron nefastas, se retrocedieron decenios en investigación, sistemas pedagógicos, escuelas jurídicas y científicas, etc.
Aún hoy en día es un debate vivo en el seno de nuestra sociedad el papel de los científicos e investigadores, el apoyo a estos por parte de los poderes públicos, el compromiso de la sociedad con su progreso científico.
La pérdida de cerebros nos sumió en una indigencia intelectual casi absoluta. Una sociedad que no protege a sus talentos, los reprime o no les da campo libre para desarrollarse queda anclada en el pasado.
No debemos olvidar a quienes intentaron con su esfuerzo personal hacer avanzar a nuestra sociedad en tiempos difíciles. Su condición de progresistas les valió la persecución, la represión, el exilio y la muerte.
Que esto no pase nunca más ni en nuestro país ni en cualquier otro, es nuestro deseo al presentar esta exposición.
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